domingo, 23 de octubre de 2011

Eduardo Galeano - Video - El FMI y los pobres

Eduardo Galeano

Los cursos de la facultad de impunidades

Este centro universitario, cosa rara, no es privilegio de pocos. La Facultad de Impunidades abarca la realidad entera, y a ella asisten todos los jóvenes latinoamericanos, ricos y pobres, ilustrados y analfabetos. La realidad dicta los cursos prácticos. De la teoría se encarga la televisión.

Cómo desprestigiar a la democracia

La eficacia pedagógica está fuera de duda. Las clases que enseñan la impunidad de los políticos, por ejemplo, están logrando, aceleradamente, la despolitización masiva de la muchachada. Si la siembra del desaliento continúa a este ritmo, pronto se logrará que nadie crea en nadie. El caso más instructivo, en esta materia, es el de Carlos Menem, que llegó a la presidencia de Argentina con el 46 por ciento de los votos. Al día siguiente, Menem hizo suyo el programa del jívaro Alsogaray, que había obtenido el 6 por ciento, y desde entonces Menem está realizando todo lo contrario de lo que había prometido. Esta usurpación de la voluntad colectiva está contribuyendo en gran forma al desprestigio de la democracia, en un país donde ella nunca ha sido muy frecuente y en una sociedad abrumada por el peso tradicional del ejército y la Iglesia.
La Facultad de Impunidades instruye en la falta de escrúpulos y educa en la irresponsabilidad moral. En ocasiones, las estadísticas ilustran sus cursos. Los numeritos acompañan, por ejemplo, a la materia que se ocupa de las relaciones entre la economía y la política en las democracias recién nacidas, o renacidas, en toda América Latina. La economía es cada vez más antidemocrática, mientras la gente pasa del entusiasmo a la desesperanza y más de un defraudado identifica a la democracia con el fraude. Los gobiernos civiles están continuando y multiplicando, impunemente, la política económica neoliberal, mercado libre, dinero libre, que habían impuesto las dictaduras militares. Los resultados están a la vista. Nunca había sido tan evidente la contradicción entre la democracia política y la dictadura social. Y a la vista están los últimos datos de las Naciones Unidas sobre la década de los ochenta: según la CEPAL, organismo técnico regional, cuatro de cada diez latinoamericanos "viven en estado de miseria absoluta". Ellos no tienen el destino escrito en los astros: lo tienen escrito en el sistema de poder.
La trampa del hambre y la trampa del consumo operan con impunidad, y así se va abriendo la brecha que separa a trampeados de tramposos: cada vez hay más distancia entre la inmensa mayoría que necesita mucho más de lo que consume y la mínima minoría que consume mucho más de los que necesita.
Cómo desprestigiar al Estado
Otra materia de la Facultad de Impunidades trata de los políticos y el Estado. Los mismos políticos que impunemente han exprimido al Estado hasta la última gota, han descubierto ahora que el Estado es inútil y merece ser arrojado a la basura. A lo largo de muchos años, ellos han convertido los derechos de los ciudadanos en favores del poder, han puesto al público al servicio del servicio público y han hecho del Estado un laberinto lleno de parásitos que deambulan hacia ninguna parte. Seguramente Franz Kafka hubiera cambiado de tema si hubiera conocido a la burocracia latinoamericana, en estos países nuestros donde de día falta agua y de noche falta luz, los teléfonos no funcionan, las cartas no llegan y los expedientes tienen hijos.
Y ahora, los políticos tradicionales que hicieron al enfermo, nos venden el hospital: devueltos al gobierno tras el ocaso de las dictaduras militares, ellos entonan salmos a la gloria del dinero libre y sacrifican, en los altares del mercado, a las empresas públicas.
Impunidad de los dueños del mundo. Hágase la voluntad de los países ricos, aunque los países ricos son ricos precisamente porque predican la libertad económica pero no la practican. Nuestra buena conducta se mide por la puntualidad en los pagos y la capacidad de obediencia. Los acreedores golpean la mesa y nuestros gobiernos civiles humillan la cabeza y juran que van a privatizarlo todo. Los numerito prueban que en América Latina la libertad del dinero favorece su evasión, no su inversión, y que así la especulación se ría de la producción y la economía se convierte en una ruleta; pero las trompetas anuncian al capital privado como si fuera un rescate del Quinto de Caballería.
Nuestros gobiernos quieren privatizarlo todo, sí, y empiezan por poner la bandera de remate a los sectores clave de la soberanía nacional: las comunicaciones, la energía, el transporte. Privatizarlo todo, y de ser posible también los hospitales y las escuelas y los cementerios y las cárceles y los zoológicos. Todo, menos las Fuerzas Armadas, que casualmente son las que se llevan la parte del león de los sueldos y gastos de cada presupuesto público. En el nuevo Estado, Estado de la Seguridad Nacional, la burocracia militar es sagrada. Y si no, ¿quién va a ocuparse del "costo social" de los "programas de ajuste"? La impunidad del dinero, que en nuestras tierras mata por hambre o bala, exige que el Estado benefactor deje paso al Estado juez y gendarme: juez vulnerable al soborno y amenaza, implacable gendarme de los pobres.

Cómo desprestigiar a la justicia

La impunidad militar es el más intensivo de los cursos de la Facultad de Impunidades. El acelerado desprestigio del poder civil, en toda América Latina, da la medida de sus éxitos.
Este curso está centrado en la aceptación de la ley del más fuerte como ley natural. Calumniando a la selva, la cultura urbana llama "ley de la selva" a la ley que rige nuestra civilizada vida. En el vértigo de la competencia, en la lucha por el dinero y el poder, la economía de mercado y el orden imperial confirman, cada día, la moral militar: la humillación es el destino que merecen los débiles: los países débiles, las empresas débiles, los gobiernos débiles, las personas débiles.
Las dictaduras militares, que en años recientes nos ensuciaron de mugre y miedo, han dejado a la democracia una doble hipoteca. Los gobiernos civiles han aceptado, sin chistar, esa herencia maldita: el pago de sus deudas y el olvido de sus crímenes. Ahora todos trabajamos para pagar los intereses y vivimos en estado de amnesia.
Las deudas militares, que los gobiernos civiles han socializado, ¿han servido para financiar obras de desarrollo? La usina nuclear de Angra dos Reis, en Brasil, es un buen ejemplo: costó varios miles de millones de dólares, ni se sabe cuántos, y no da más luz que una luciérnaga. Y la absolución del terrorismo militar y paramilitar, que los gobiernos civiles han dispuesto, ¿han servido para consolidar la democracia? ¿O más bien han servido para legalizar la prepotencia, para estimular la violencia y para identificar a la justicia con la venganza o la locura? Somos todos iguales ante la ley, dice la Constitución; pero nuestras Constituciones, obras de ficción de tendencia surrealista y mediocre estilo, ignoran que en este mundo la justicia es, como la democracia y el bienestar, un privilegio de los países ricos.
La deuda militar, traducida en abrumadora deuda externa, no es el precio del desarrollo. La deuda militar es el precio del terror; y la impunidad nos impide saberlo, porque nos prohíbe recordarlo. Nuestros profesores en la materia han superado a Freud. Para salvar sus exámenes, hay que repetir esta lección: la desmemoria indica buena salud.

Cómo desprestigiar la vida humana

A este paso, América Latina va en camino de convertirse en un vasto criadero de Frankensteins; y Colombia nos brinda un ejemplo de alarmante fecundidad.
Desde hace años, en Colombia, el poder enseña que el crimen paga. A la sombra del poder, y por él alimentadas, han crecido las bandas paramilitares que vienen lloviendo muerte sobre el país. La prensa internacional atribuye toda la culpa a los narcotraficantes y a los guerrilleros; pero la violencia es más bien hija de la Doctrina de Seguridad Nacional, que instrumenta a los ejércitos para matar compatriotas. En todo caso, el dinero de los mafiosos de la cocaína no se consideraba sucio mientras servía para la limpieza de rojos; y de las 75 matanzas que ocurrieron en 1988, carnicerías que bañaron a Colombia en sangre, apenas cinco fueron obra directa de los narcos. Con el pretexto de los grupos de auto-defensa contra los secuestros de la guerrilla, los Escuadrones de la Muerte nacieron, crecieron y se multiplicaron, impunemente, a lo largo de mucho tiempo. Impunemente, el ejército participó; impunemente, el gobierno toleró. En 1983, el Procurador General de la Nación acusó a 59 militares y policías, integrantes de una banda responsable de más de cien asesinatos y desapariciones. La justicia militar se hizo cargo del asunto: nunca más se supo. En 1988, los asesinatos de políticos, sindicalistas e intelectuales de izquierda sumaron siete veces más víctimas que los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército. Ese año, los obreros de la industria del cemento hicieron una huelga, y no fue por salarios: exigían al gobierno que les permitiera armarse. Doce de sus dirigentes habían sido asesinados. Ante las denuncias de Amnesty International, el Ministerio de Defensa contestó con una lista de torturadores militares que habían sufrido sanción. El Ministerio no mencionaba la sanción, que consistía en 48 horas de arresto simple.
Hoy Colombia está peor que Chicago en los años de Al Capone y la ley seca. Tres candidatos a la presidencia han caído, acribillados, en ocho meses. Un precoz egresado de la Facultad de Impunidades, un niño de quince años salido de los suburbios de Medellín, asesinó al jefe de Izquierda Unida, Bernardo Jaramillo, a cambio de 650 dólares. Normalmente, se cobra mucho menos. Como en el corrido mexicano, la vida no vale nada. La gente muere de plomonía y en las ciencias sociales han surgido nuevos especialistas, los violentólogos, que intentan descifrar lo que ocurre. Algunos se limitan a confirmar una antigua certeza del sistema: además de ser burros y haraganes, los pobres son violentos, si han nacido en Colombia. Otros, en cambio, se niegan a creer que los colombianos lleven la marca de la violencia en la frente. No es asunto de genes: esta violencia es hija del miedo, esta tragedia es hija de la impunidad.

Cómo desprestigiar la soberanía nacional

Como todas nuestras fuerzas armadas, los militares colombianos obedecen a una potencia extranjera, a través de la Junta Interamericana de Defensa; y ese deber de obediencia está por encima de la jurada lealtad a su propia nación. La potencia extranjera dominante los adiestra en las artes de la impunidad, transmitiéndoles un know-how de altísimo nivel y probada experiencia.
El último espectáculo público en la materia, la invasión de Panamá, tuvo un éxito clamoroso. Esta operación, destinada a capturar a un agente de la CIA que había sido infiel a la empresa, costó cuatro mil muertos y siete mil millones de dólares en daños, pero casi todas las víctimas eran pobres y pobres eran los barrios arrasados, de modo que el mundo entero no tuvo mayor dificultad en encogerse de hombros y dejar hacer. Con la más absoluta impunidad, los Estados Unidos han impuesto un nuevo administrador del canal de Panamá, para evitar que se cumplan los tratados, y un nuevo presidente del país. El nuevo presidente, el gordísimo Endara, se dedica a hacer huelgas de hambre protestando porque Roma no paga traidores, mientras Panamá sufre impunemente la cotidiana humillación de la ocupación extranjera.

* * *

Desde su casa matriz, y a través de muchas sucursales, la Facultad de Impunidades nos induce a desquerernos y a descreernos. Sus profesores nos invitan a olvidar el pasado para que no seamos capaces de recordar el futuro. Y así, cada día nos enseñan la resignación. Cada día aprendemos a resignarnos para poder sobrevivir. Pero hace poco, en una pared de un barrio de la ciudad de Lima, un alumno rebelde escribió: "No queremos sobrevivir. Queremos vivir". Él hablaba por muchos.


(1990)


Eduardo Galeano

Marujas.com.ar


A mediados del año pasado, mientras esta guerra se estaba incubando, George W. Bush declaró que "debemos estar listos para atacar en cualquier oscuro rincón del mundo". Irak es, pues, un oscuro rincón del mundo. ¿Creerá Bush que la civilización nació en Texas, y que sus compatriotas inventaron la escritura? ¿Nunca escuchó hablar de la biblioteca de Nínive, ni de la Torre de Babel, ni de los jardines colgantes de Babilonia? ¿No escuchó ni uno sólo de los cuentos de Las mil y una noches de Bagdad?¿Quién lo eligió presidente del planeta? A mí, nadie me llamó a votar en esas elecciones. ¿Y a ustedes?
¿Elegiríamos a un presidente sordo? ¿A un hombre incapaz de escuchar nada más que los ecos de su voz? ¿Sordo ante el trueno incesante de millones y millones de voces que en las calles del mundo están declarando la paz a la guerra?
Ni siquiera ha sido capaz de escuchar el cariñoso consejo de Günter Grass.
El escritor alemán, comprendiendo que Bush tenía necesidad de demostrar algo muy importante ante su padre, le recomendó que consultara a un psicoanalista en lugar de bombardear Irak.

* * *

En 1898, el presidente William McKinley declaró que Dios le había dado la orden de quedarse con las islas Filipinas, para civilizar y cristianizar a sus habitantes. McKinley dijo que habló con Dios mientras caminaba, a medianoche, por los corredores de la Casa Blanca. Más de un siglo después, el presidente Bush asegura que Dios está de su lado en la conquista de Irak.
¿A qué hora y en qué lugar recibió la palabra divina?
¿Y por qué Dios habrá dado órdenes tan contradictorias a Bush y al Papa de Roma?

* * *

Se declara la guerra en nombre de la comunidad internacional, que está harta de guerras. Y, como de costumbre, se declara la guerra en nombre de la paz.
No es por el petróleo, dicen. Pero si Irak produjera rabanitos en lugar de petróleo, ¿a quién se le ocurriría invadir ese país?
Bush, Cheney y la dulce Condoleezza, ¿habrán renunciado realmente a sus altos empleos en la industria petrolera? ¿Por qué esta manía de Tony Blair contra el dictador iraquí? ¿No será porque hace treinta años Saddam Hussein nacionalizó la británica Irak Petroleum Company? ¿Cuántos pozos espera recibir Aznar en el próximo reparto?
La sociedad de consumo, borracha de petróleo, tiene pánico al síndrome de abstinencia. En Irak, el elixir negro es el menos costoso y, quizás, el más cuantioso.
En una manifestación pacifista, en Nueva York, un cartel pregunta: "¿Por qué el petróleo nuestro está bajo las arenas de ellos?"

* * *

Estados Unidos ha anunciado una larga ocupación militar, después de la victoria. Sus generales se harán cargo de establecer la democracia en Irak.
¿Será una democracia igual a la que regalaron a Haití, la República Dominicana o Nicaragua? Ocuparon Haití durante diecinueve años y fundaron un poder militar que desembocó en la dictadura de Duvalier. Ocuparon la Dominicana durante nueve años y fundaron la dictadura de Trujillo. Ocuparon Nicaragua durante veintiún años y fundaron la dictadura de la familia Somoza.

* * *

La dinastía de los Somoza, que los marines habían puesto en el trono, duró medio siglo, hasta que en 1979 fue barrida por la furia popular. Entonces, el presidente Ronald Reagan montó a caballo y se lanzó a salvar a su país amenazado por la revolución sandinista. Nicaragua, pobre entre los pobres, tenía, en total, cinco ascensores y una escalera mecánica, que no funcionaba. Pero Reagan denunciaba que Nicaragua era un peligro; y mientras él hablaba, la televisión mostraba un mapa de Estados Unidos tiñéndose de rojo desde el sur, para ilustrar la invasión inminente. El presidente Bush, ¿le copia los discursos que siembran el pánico? ¿Bush dice Irak donde Reagan decía Nicaragua?

* * *

Títulos de los diarios, en los días previos a la guerra: "Estados Unidos está pronto para resistir el ataque".
Record de ventas de cintas aislantes, máscaras antigases, píldoras antirradiaciones... ¿Por qué tiene más miedo el verdugo que la víctima? ¿Sólo por este clima de histeria colectiva? ¿O tiembla porque presiente las consecuencias de sus actos? ¿Y si el petróleo iraquí incendiara el mundo? ¿No será esta guerra la mejor vitamina que el terrorismo internacional está necesitando?
Nos dicen que Saddam Hussein alimenta a los fanáticos de Al-Qaida. ¿Un criadero de cuervos para que le arranquen los ojos? Los fundamentalistas islámicos lo odian. Es satánico un país donde se ven películas de Hollywood, muchos colegios enseñan inglés, la mayoría musulmana no impide que los cristianos anden con la cruz al pecho y no es muy raro ver mujeres con pantalones y blusas audaces.
No hubo ningún iraquí entre los terroristas que voltearon las torres de Nueva York. Casi todos eran de Arabia Saudí, el mejor cliente de Estados Unidos en el mundo. También es saudí Bin Laden, ese villano que los satélites persiguen mientras huye a caballo por el desierto, y que dice presente cada vez que Bush necesita sus servicios de ogro profesional.

* * *

¿Sabía usted que el presidente Eisenhower dijo, en 1953, que la "guerra preventiva" era un invento de Hitler? Dijo: "Francamente, yo no me tomaría en serio a nadie que me viniera a proponer una cosa semejante".

* * *

Estados Unidos es el país que más armas fabrica y vende en el mundo. Es, también, el único país que ha arrojado bombas atómicas contra la población civil. Y siempre está, por tradición, en guerra contra alguien. ¿Quién amenaza la paz universal? ¿Irak?

* * *

¿Irak no respeta las resoluciones de las Naciones Unidas? ¿Las respeta Bush, que acaba de propinar la más espectacular patada a la legalidad internacional? ¿Las respeta Israel, país especializado en ignorarlas? Irak ha desconocido 17 resoluciones de las Naciones Unidas. Israel, 64. ¿Bombardeará Bush a su más fiel aliado?

* * *

Irak fue arrasado, en 1991, por la guerra de Bush padre, y hambreado por el bloqueo posterior. ¿Qué armas de destrucción masiva puede esconder este país masivamente destruido?
Israel, que desde el '67 usurpa tierras palestinas, cuenta con un arsenal de bombas atómicas que le garantizan la impunidad. Y Pakistán, otro fiel aliado que además es un notorio nido de terroristas, exhibe sus propias ojivas nucleares. Pero el enemigo es Irak, porque "podría tener" esas armas. Si las tuviera, como Corea del Norte proclama que las tiene, ¿se animarían a atacarlo?
¿Y las armas químicas y biológicas? ¿Quién vendió a Saddam Hussein las cepas para fabricar los gases venenosos que asfixiaron a los kurdos, y los helicópteros para arrojar esos gases? ¿Por qué Bush no muestra los recibos? En aquellos años, guerra contra Irán, guerra contra los kurdos, ¿era Saddam menos dictador de lo que es ahora? Hasta Donald Rumsfeld lo visitaba en misión de amistad. ¿Por qué los kurdos son conmovedores ahora, y antes no?
¿Y por qué sólo son conmovedores los kurdos de Irak, y no los kurdos mucho más numerosos que sacrificó Turquía?

* * *

Rumsfeld, actual secretario de Defensa, anuncia que su país usará "gases no letales" contra Irak. ¿Serán gases tan poco letales como esos que Putin usó, el año pasado, en el teatro de Moscú, y que mataron a más de cien rehenes?

* * *

Durante unos cuantos días, las Naciones Unidas cubrieron con una cortina el Guernica de Picasso, para que esa desagradable escenografía no perturbara los toques de clarín de Colin Powell. ¿De qué tamaño será la cortina que esconderá la carnicería de Irak, según la censura total que el Pentágono ha impuesto a los corresponsales de guerra?

* * *

¿Adónde irán las almas de las víctimas iraquíes? Según el reverendo Billy Graham, asesor religioso del presidente Bush y agrimensor celestial, el Paraíso es más bien chico: mide nada más que mil quinientas millas cuadradas. Pocos serán los elegidos. Adivinanza: ¿Cuál será el país que ha comprado casi todas las entradas?

* * *

Y una pregunta final, que pido prestada a John Le Carré:
-¿Van a matar a mucha gente, papá?
-Nadie que conozcas, querido. Sólo extranjeros.

El derecho al delirio

Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuando nació.
El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera.
Una invitación al vuelo
Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.
La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.
Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:  
el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;
en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;
la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;
el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;
la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;
se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;
en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;
los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;
los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;
los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;
los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;
la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;
la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;
nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;
el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;
la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;
nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;
los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;
la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;
la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;
la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;
una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;
en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;
la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;
la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;
serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;
los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;
seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;
la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.




Oswaldo Guayasamin

Eduardo Galeano

Marujas.com.ar
Por Eduardo Galeano

A mediados del año pasado, mientras esta guerra se estaba incubando, George W. Bush declaró que "debemos estar listos para atacar en cualquier oscuro rincón del mundo". Irak es, pues, un oscuro rincón del mundo. ¿Creerá Bush que la civilización nació en Texas, y que sus compatriotas inventaron la escritura? ¿Nunca escuchó hablar de la biblioteca de Nínive, ni de la Torre de Babel, ni de los jardines colgantes de Babilonia? ¿No escuchó ni uno sólo de los cuentos de Las mil y una noches de Bagdad?¿Quién lo eligió presidente del planeta? A mí, nadie me llamó a votar en esas elecciones. ¿Y a ustedes?
¿Elegiríamos a un presidente sordo? ¿A un hombre incapaz de escuchar nada más que los ecos de su voz? ¿Sordo ante el trueno incesante de millones y millones de voces que en las calles del mundo están declarando la paz a la guerra?
Ni siquiera ha sido capaz de escuchar el cariñoso consejo de Günter Grass.
El escritor alemán, comprendiendo que Bush tenía necesidad de demostrar algo muy importante ante su padre, le recomendó que consultara a un psicoanalista en lugar de bombardear Irak.

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En 1898, el presidente William McKinley declaró que Dios le había dado la orden de quedarse con las islas Filipinas, para civilizar y cristianizar a sus habitantes. McKinley dijo que habló con Dios mientras caminaba, a medianoche, por los corredores de la Casa Blanca. Más de un siglo después, el presidente Bush asegura que Dios está de su lado en la conquista de Irak.
¿A qué hora y en qué lugar recibió la palabra divina?
¿Y por qué Dios habrá dado órdenes tan contradictorias a Bush y al Papa de Roma?

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Se declara la guerra en nombre de la comunidad internacional, que está harta de guerras. Y, como de costumbre, se declara la guerra en nombre de la paz.
No es por el petróleo, dicen. Pero si Irak produjera rabanitos en lugar de petróleo, ¿a quién se le ocurriría invadir ese país?
Bush, Cheney y la dulce Condoleezza, ¿habrán renunciado realmente a sus altos empleos en la industria petrolera? ¿Por qué esta manía de Tony Blair contra el dictador iraquí? ¿No será porque hace treinta años Saddam Hussein nacionalizó la británica Irak Petroleum Company? ¿Cuántos pozos espera recibir Aznar en el próximo reparto?
La sociedad de consumo, borracha de petróleo, tiene pánico al síndrome de abstinencia. En Irak, el elixir negro es el menos costoso y, quizás, el más cuantioso.
En una manifestación pacifista, en Nueva York, un cartel pregunta: "¿Por qué el petróleo nuestro está bajo las arenas de ellos?"

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Estados Unidos ha anunciado una larga ocupación militar, después de la victoria. Sus generales se harán cargo de establecer la democracia en Irak.
¿Será una democracia igual a la que regalaron a Haití, la República Dominicana o Nicaragua? Ocuparon Haití durante diecinueve años y fundaron un poder militar que desembocó en la dictadura de Duvalier. Ocuparon la Dominicana durante nueve años y fundaron la dictadura de Trujillo. Ocuparon Nicaragua durante veintiún años y fundaron la dictadura de la familia Somoza.

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La dinastía de los Somoza, que los marines habían puesto en el trono, duró medio siglo, hasta que en 1979 fue barrida por la furia popular. Entonces, el presidente Ronald Reagan montó a caballo y se lanzó a salvar a su país amenazado por la revolución sandinista. Nicaragua, pobre entre los pobres, tenía, en total, cinco ascensores y una escalera mecánica, que no funcionaba. Pero Reagan denunciaba que Nicaragua era un peligro; y mientras él hablaba, la televisión mostraba un mapa de Estados Unidos tiñéndose de rojo desde el sur, para ilustrar la invasión inminente. El presidente Bush, ¿le copia los discursos que siembran el pánico? ¿Bush dice Irak donde Reagan decía Nicaragua?

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Títulos de los diarios, en los días previos a la guerra: "Estados Unidos está pronto para resistir el ataque".
Record de ventas de cintas aislantes, máscaras antigases, píldoras antirradiaciones... ¿Por qué tiene más miedo el verdugo que la víctima? ¿Sólo por este clima de histeria colectiva? ¿O tiembla porque presiente las consecuencias de sus actos? ¿Y si el petróleo iraquí incendiara el mundo? ¿No será esta guerra la mejor vitamina que el terrorismo internacional está necesitando?
Nos dicen que Saddam Hussein alimenta a los fanáticos de Al-Qaida. ¿Un criadero de cuervos para que le arranquen los ojos? Los fundamentalistas islámicos lo odian. Es satánico un país donde se ven películas de Hollywood, muchos colegios enseñan inglés, la mayoría musulmana no impide que los cristianos anden con la cruz al pecho y no es muy raro ver mujeres con pantalones y blusas audaces.
No hubo ningún iraquí entre los terroristas que voltearon las torres de Nueva York. Casi todos eran de Arabia Saudí, el mejor cliente de Estados Unidos en el mundo. También es saudí Bin Laden, ese villano que los satélites persiguen mientras huye a caballo por el desierto, y que dice presente cada vez que Bush necesita sus servicios de ogro profesional.

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¿Sabía usted que el presidente Eisenhower dijo, en 1953, que la "guerra preventiva" era un invento de Hitler? Dijo: "Francamente, yo no me tomaría en serio a nadie que me viniera a proponer una cosa semejante".

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Estados Unidos es el país que más armas fabrica y vende en el mundo. Es, también, el único país que ha arrojado bombas atómicas contra la población civil. Y siempre está, por tradición, en guerra contra alguien. ¿Quién amenaza la paz universal? ¿Irak?

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¿Irak no respeta las resoluciones de las Naciones Unidas? ¿Las respeta Bush, que acaba de propinar la más espectacular patada a la legalidad internacional? ¿Las respeta Israel, país especializado en ignorarlas? Irak ha desconocido 17 resoluciones de las Naciones Unidas. Israel, 64. ¿Bombardeará Bush a su más fiel aliado?

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Irak fue arrasado, en 1991, por la guerra de Bush padre, y hambreado por el bloqueo posterior. ¿Qué armas de destrucción masiva puede esconder este país masivamente destruido?
Israel, que desde el '67 usurpa tierras palestinas, cuenta con un arsenal de bombas atómicas que le garantizan la impunidad. Y Pakistán, otro fiel aliado que además es un notorio nido de terroristas, exhibe sus propias ojivas nucleares. Pero el enemigo es Irak, porque "podría tener" esas armas. Si las tuviera, como Corea del Norte proclama que las tiene, ¿se animarían a atacarlo?
¿Y las armas químicas y biológicas? ¿Quién vendió a Saddam Hussein las cepas para fabricar los gases venenosos que asfixiaron a los kurdos, y los helicópteros para arrojar esos gases? ¿Por qué Bush no muestra los recibos? En aquellos años, guerra contra Irán, guerra contra los kurdos, ¿era Saddam menos dictador de lo que es ahora? Hasta Donald Rumsfeld lo visitaba en misión de amistad. ¿Por qué los kurdos son conmovedores ahora, y antes no?
¿Y por qué sólo son conmovedores los kurdos de Irak, y no los kurdos mucho más numerosos que sacrificó Turquía?

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Rumsfeld, actual secretario de Defensa, anuncia que su país usará "gases no letales" contra Irak. ¿Serán gases tan poco letales como esos que Putin usó, el año pasado, en el teatro de Moscú, y que mataron a más de cien rehenes?

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Durante unos cuantos días, las Naciones Unidas cubrieron con una cortina el Guernica de Picasso, para que esa desagradable escenografía no perturbara los toques de clarín de Colin Powell. ¿De qué tamaño será la cortina que esconderá la carnicería de Irak, según la censura total que el Pentágono ha impuesto a los corresponsales de guerra?

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¿Adónde irán las almas de las víctimas iraquíes? Según el reverendo Billy Graham, asesor religioso del presidente Bush y agrimensor celestial, el Paraíso es más bien chico: mide nada más que mil quinientas millas cuadradas. Pocos serán los elegidos. Adivinanza: ¿Cuál será el país que ha comprado casi todas las entradas?

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Y una pregunta final, que pido prestada a John Le Carré:
-¿Van a matar a mucha gente, papá?
-Nadie que conozcas, querido. Sólo extranjeros.

El derecho al delirio

Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio romano, que un buen día decidieron romper la tradición que mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho: un buen día, el papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús, aunque nadie sabe cuando nació.
El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta frontera.
Una invitación al vuelo
Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad, y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.
La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.
Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en 1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos; pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible:  
el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones;
en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros;
la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor;
el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;
la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;
se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega;
en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;
los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;
los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas;
los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos;
los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas;
la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;
la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero;
nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene;
el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra;
la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;
nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle;
los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos;
la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;
la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla;
la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;
una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú;
en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria;
la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;
la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»;
serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma;
los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar;
seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo;
la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.




Oswaldo Guayasamin

Eduardo Galeano

MANICOMIO

El verdadero autor del pánico planetario se llama Mercado. Además, el petróleo genera guerras. Pobre Irak.
Tiempos del miedo. Vive el mundo en estado de terror, y el terror se disfraza: dice ser obra de Saddam Hussein, un actor ya cansado de tanto trabajar de enemigo, o de Osama Bin Laden, asustador profesional.
Pero el verdadero autor del pánico planetario se llama Mercado. Este señor no tiene nada que ver con el entrañable lugar del barrio donde uno acude en busca de frutas y verduras. Es un todopoderoso terrorista sin rostro, que está en todas partes, como Dios, y cree ser, como Dios, eterno. Sus numerosos intérpretes anuncian: “El Mercado está nervioso”, y advierten:”'No hay que irritar al Mercado”.
Su frondoso prontuario criminal lo hace temible. Se ha pasado la vida robando comida, asesinando empleos, secuestrando países y fabricando guerras.
Para vender sus guerras, el Mercado siembra miedo. Y el miedo crea clima.
La televisión se ocupa de que las torres de Nueva York vuelvan a derrumbarse todos los días. ¿Qué quedó del pánico al ántrax? No solo una investigación oficial, que poco o nada averiguó sobre aquellas cartas mortales: también quedó un espectacular aumento del presupuesto militar de Estados Unidos. Y la millonada que ese país destina a la industria de la muerte no es moco de pavo. Apenas un mes y medio de esos gastos bastaría para acabar con la miseria en el mundo, si no mienten los numeritos de las Naciones Unidas.
Cada vez que el Mercado da la orden, la luz roja de la alarma parpadea en el peligrosímetro, la máquina que convierte toda sospecha en evidencia. Las guerras preventivas matan por las dudas, no por las pruebas. Ahora le toca a Irak. Otra vez ese castigado país ha sido condenado. Los muertos sabrán comprender: Irak contiene la segunda reserva mundial de petróleo, que es justo lo que el Mercado anda precisando para asegurar combustible al despilfarro de la sociedad de consumo.
Espejo, espejito: ¿quién es el más temido? Las potencias imperiales monopolizan, por derecho natural, las armas de destrucción masiva.
En tiempos de la conquista de América, mientras nacía eso que ahora llaman Mercado global, la viruela y la gripe mataron muchos más indígenas que la espada y el arcabuz. La exitosa invasión europea tuvo mucho que agradecer a las bacterias y los virus. Siglos después, esos aliados providenciales se convirtieron en armas de guerra, en manos de las grandes potencias. Un puñado de países monopoliza los arsenales biológicos. Hace un par de décadas, Estados Unidos permitió que Saddam Hussein lanzara bombas de epidemias contra los kurdos, cuando él era un mimado de Occidente y los kurdos tenían mala prensa, pero esas armas bacteriológicas habían sido hechas con cepas compradas a una empresa de Rockville, en Maryland.
En materia militar, como en todo lo demás, el Mercado predica la libertad, pero la competencia no le gusta ni un poquito. La oferta se concentra en manos de pocos, en nombre de la seguridad universal. Saddam Hussein mete mucho miedo. Tiembla el mundo. Tremenda amenaza: Irak podría volver a usar armas bacteriológicas y, mucho más grave todavía, alguna vez podría llegar a tener armas nucleares. La humanidad no puede permitir ese peligro, proclama el peligroso presidente del único país que ha usado armas nucleares para asesinar población civil. ¿Habrá sido Irak quien exterminó a los viejos, mujeres y niños de Hiroshima y Nagasaki?
Paisaje del nuevo milenio: gente que no sabe si mañana encontrará qué comer, o si se quedará sin techo, o cómo hará para sobrevivir si se enferma o sufre un accidente; gente que no sabe si mañana perderá el empleo, o si será obligada a trabajar el doble a cambio de la mitad, o si su jubilación será devorada por los lobos de la bolsa o por los ratones de la inflación; ciudadanos que no saben si mañana serán asaltados a la vuelta de la esquina, o si les desvalijaran la casa, o si algún desesperado les meterá un cuchillo en la barriga; campesinos que no saben si mañana tendrán tierra que trabajar y pescadores que no saben si encontraran ríos o mares no envenenados todavía; personas y países que no saben cómo harán mañana para pagar sus deudas multiplicadas por la usura.
¿Serán obras de Al Qaeda estos terrores cotidianos?
La economía comete atentados que no salen en los diarios: cada minuto mata de hambre a 12 niños. En la organización terrorista del mundo, que el poder militar custodia, hay mil millones de hambrientos crónicos y seiscientos millones de gordos.
Moneda fuerte, vida frágil: Ecuador y El Salvador han adoptado el dólar como moneda nacional, pero la población huye. Nunca esos países habían producido tanta pobreza y tantos emigrantes. La venta de carne humana al extranjero genera desarraigo, tristeza y divisas. Los ecuatorianos obligados a buscar trabajo en otra parte han enviado a su país, en el año 2001, una cantidad de dinero que supera la suma de las exportaciones de banano, camarón, atún, café y cacao.
También Uruguay y Argentina expulsan a sus hijos jóvenes. Los emigrantes, nietos de inmigrantes, dejan a sus espaldas familias destrozadas y memorias que duelen. “Doctor, me rompieron el alma”: ¿en qué hospital se cura eso?
En Argentina, un concurso de televisión ofrece, cada día, el premio más codiciado: un empleo. Las colas son larguísimas. El programa elige los candidatos, y el público vota. Consigue trabajo el que más lágrimas derrama y más lágrimas arranca. Sony Pictures está vendiendo la exitosa fórmula en todo el mundo.
¿Qué empleo? El que venga. ¿Por cuánto? Por lo que sea y como sea. La desesperación de los que buscan trabajo, y la angustia de los que temen perderlo, obligan a aceptar lo inaceptable. En todo el mundo se impone “el modelo WallMart'. La empresa número uno de Estados Unidos prohíbe los sindicatos y estira los horarios sin pagar horas extra. El Mercado exporta su lucrativo ejemplo. Cuanto más dolidos están los países, más fácil resulta convertir el derecho laboral en papel mojado.
Y más fácil resulta, también, sacrificar otros derechos. Los papas del caos venden el orden. La pobreza y la desocupación multiplican la delincuencia, que difunde el pánico, y en ese caldo de cultivo florece lo peor. Los militares argentinos, que mucho saben de crímenes, están siendo invitados a combatir el crimen: que vengan a salvarnos de la delincuencia, clama a gritos Carlos Menem, un funcionario del Mercado que de delincuencia sabe mucho porque la ejerció como nadie cuando fue presidente.
Costos bajísimos, ganancias mil, controles cero: un barco petrolero se parte por la mitad y la mortífera marea negra ataca las costas de Galicia y más allá.
El negocio mas rentable del mundo genera fortunas y desastres “naturales”.
Los gases venenosos que el petróleo echa al aire son la causa principal del agujero de ozono, que ya tiene el tamaño de Estados Unidos, y de la locura del clima. En Etiopia y en otros países africanos, la sequía está condenando a millones de personas a la peor hambruna de los últimos veinte años, mientras Alemania y otros países europeos vienen de sufrir inundaciones que han sido la peor catástrofe del último medio siglo.
Además, el petróleo genera guerras. Pobre Irak.

Eduardo Galeano


Guayasamin, Oswaldo - El grito

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