viernes, 2 de septiembre de 2011

Armando Tejada Gomez - Poemas


El bienaventurado 

Aquel hombre de enfrente, 
simple de corazón, 
agonizó sus años 
corriendo a tres empleos. 
Un día, simplemente, 
su simple corazón 
le estalló en una esquina 
y despertó en el cielo. 

Dios, bonachón y antiguo, 
le dio la bienvenida, 
palmeándolo y diciendo: 
Qué cuenta de la vida? 

Y aquel hombre de enfrente, 
simple de corazón, 
se quedó boquiabierto 
y preguntó: qué vida?

COPLAS DEL PRISIONERO 

Estamos prisioneros, 
prisionero: 
yo de estos torpes barrotes, 
tú del miedo. 

¿Adónde vas que no vienes 
conmigo, a empujar la puerta? 
No hay campanario que suene 
como el río de allá afuera. 

Como el que se prende fuego 
andan los presos del miedo: 
de nada vale que corran... 
¡El incendio va con ellos! 

No hay quien le alquile la suerte 
al dueño de los candados: 
murió con un ojo abierto 
y nadie pudo cerrarlo! 

No sé, no recuerdo bien 
qué quería el carcelero... 
¡...creo que una copla mía 
para aguantarse el silencio! 

Es cierto: muchos callaron 
cuando yo fui detenido; 
¡vaya con la diferencia: 
yo preso, ellos sometidos! 

Le regalé una paloma 
al hijo del carcelero. 
Cuentan que la dejó ir 
tan sólo por verle el vuelo... 

¡Qué hermoso va a ser el mundo 
del hijo del carcelero! 



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