sábado, 10 de septiembre de 2011

La caverna - José Saramago - Fragmento

(…) “Tú te quedas, tú te quedas”, así son las cosas del hablar, el mismo verbo que había sido incapaz de retener a Cipriano Algor era el que no dejaba ahora que Encontrado se escapase. La puerta se cerró, separó al animal de su amo, pero, así son las cosas del sentir, la angustia del desamparo de uno no podía, al menos en ese momento, esperar simpatía ni correspondencia en la lacerada felicidad del otro. No está lejos el día en que sabremos cómo transcurrió la vida de Encontrado en su nueva casa, si le fue cómodo o costoso adaptarse a su nueva dueña, si el buen trato y el afecto sin límites que ella le ofreció fueron suficientes para que olvidara la tristeza de haber sido abandonado injustamente. Ahora a quien tenemos que seguir es a Cipriano Algor, nada más que seguirlo, ir tras él, acompañar su paso sonámbulo. En cuanto a imaginar cómo es posible que se junten en una persona sentimientos tan contrapuestos como, en el caso que estamos apreciando, la más profunda de las alegrías y el más pungente de los disgustos, para luego descubrir o crear aquel único nombre con que pasaría a ser designado el sentimiento particular consecuente de esa unión, es una tarea que muchas veces se ha emprendido en el pasado y cada vez se resigna, como si fuera un horizonte que se va dislocando incesantemente, a no alcanzar siquiera el umbral de la puerta de las inefabilidades que esperan dejar de serlo. La expresión locutiva humana no sabe todavía, y es probable que no lo sepa nunca, conocer, reconocer y comunicar todo cuanto es humanamente experimentable y sensible. Hay quien afirma que la causa principal de esta serísima dificultad reside en el hecho de que los seres humanos están hechos en lo fundamental de arcilla, la cual, como las enciclopedias con minuciosidad nos explican, es una roca sedimentaria detrítica formada por fragmentos minerales minúsculos del tamaño de uno/doscientos cincuenta y seisavos por milímetro. Hasta hoy, por más vueltas que se hayan dado a las lenguas, no se ha conseguido encontrar un nombre para esto. (…)

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