martes, 17 de julio de 2012

AUGUSTO ROA BASTOS, VIDA Y OBRA SIGNADA POR LOS AVATARES DE SU PATRIA - Víctor-Jacinto Flecha


La vida de Augusto José Antonio Roa Bastos no fue fácil, estuvo tejida por las vicisitudes y los avatares de su patria. El Paraguay, su entrañable nación, estuvo signado por la tragedia. Durante toda su historia se sucedieron enfrentamientos entre los buscadores de la libertad y los que la enterraban. Innumerables  guerras civiles, golpes de estados, largas dictaduras entre frágiles respiros democráticos más dos guerras internacionales apocaron a este país que para peor estaba metido en el fondo del continente sin salida al mar.  Esta situación de permanente tragedia, cuya dimensión cubre toda la historia contemporánea paraguaya es lo que impulsó a nuestro máximo escritor a decir que  el infortunio se enamoró del Paraguay y esa situación tatuó con signos apocalípticos la vida y la obra de Roa Bastos.
Nacido en 1917, cuando la patria iba logrando, de alguna forma, recuperarse de su hecatombe de la guerra de la Triple Alianza (1864-1870). Conoció en su niñez la última guerra civil caudillezca (1922/1923), el gobierno democrático, el primero de este siglo, de Eligio Ayala (1924-1928), la primera movilización para la guerra del Chaco en 1928, con un saldo grande de muertos, tuvo que haber tenido noticias de las famosas sublevaciones anarquistas en 1931. La guerra del Chaco la vivió muy de cerca e inclusive participó en ella, como corresponsal de guerra, siendo todavía un adolescente. Y luego, en su primera juventud, vivió la efervescencia social y política de la post-guerra experiencia que resulto como un catalizador de su manera de pensar sobre la vida. Entre la tiranía y la libertad, eligió la libertad pero no desde la perspectiva liberal sino con un hondo contenido humano y social.
Como periodista del diario El País publicó sus investigaciones sobre la explotación de semiesclavitud a que eran sometidos los obreros de obrajes en esa época. Estos artículos fueron antológicos. Perseguido por sectores fascistoides de la época tuvo que ganar el exilio para salvar su vida. La guerra civil de 1947, esa hecatombe trágica,  marcó su vida y lo dejó allende de las fronteras por décadas y solo pudo recuperar enteramente su país, en su ancianidad, cuando los signos democráticos por los que tanto luchó se estaba haciendo difícil realidad en el Paraguay.

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